Agua y energía
Cómo la eficiencia los une a ambos
La escasez de agua es uno de los retos más importantes de nuestro tiempo y nos afecta a todos. Se prevé que la demanda mundial de agua supere la oferta en un 40 % ya en 2030, mientras que más de dos mil millones de personas ya viven sin acceso a agua potable segura.
Una parte importante, pero a menudo pasada por alto, de este desafío es el uso de energía para el agua. La forma en que gestionamos la energía en el sector del agua es ineficiente y costosa. Las actividades relacionadas con el agua representan alrededor del 4 % del consumo mundial de electricidad. Esta energía es necesaria para producir, tratar y transportar el agua a los hogares, las granjas y las industrias. Sin embargo, décadas de inversión insuficiente han dejado nuestros sistemas sobrecargados e ineficientes.
Si no actuamos, las ineficiencias en el nexo entre el agua y la energía podrían costar a los países de altos ingresos hasta el 8 % del PIB para 2050. Pero la buena noticia es que ya existen soluciones probadas para reforzar la eficiencia, la resiliencia y la competitividad en todo el sector del agua.
Detrás de la crisis mundial del agua se esconden ineficiencias ocultas: tuberías con fugas, infraestructuras obsoletas y un consumo excesivo de energía. Para abordar estos problemas se necesita algo más que tecnología: se requiere una acción coordinada entre gobiernos, empresas y la sociedad civil para modernizar los sistemas y reformar las políticas.
Este documento explora la interdependencia crítica entre el agua y la energía. Destaca dónde se concentra el consumo de energía dentro del ciclo del agua, qué tecnologías pueden reducir el desperdicio y cómo una política eficaz puede cerrar la brecha entre la ambición y la implementación. Por encima de todo, este documento aboga por un cambio de perspectiva: considerar el agua y la energía como sistemas interconectados, en los que la eficiencia de uno impulsa la eficiencia y la resiliencia del otro. Al reducir el desperdicio, aumentar la eficiencia, digitalizarnos y valorar el agua, podemos ampliar las soluciones existentes para garantizar el bienestar humano, mejorar la resiliencia climática y fortalecer la competitividad industrial.
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Estas son las conclusiones principales:





La buena noticia es que hoy en día existe un potencial increíble para aumentar la eficiencia, la resiliencia y la competitividad económica del sector del agua.
Recomendaciones de política
Para 2030, la demanda mundial de agua superará la oferta en un 40 %, mientras que el consumo energético del sector hídrico se duplicará con creces. Además, en muchos países, más del 30 % del agua tratada no llega al usuario final. No se trata solo de un riesgo climático, sino también de un desafío para la competitividad y la seguridad. Para que los responsables políticos aborden la necesidad de ahorrar más agua, se necesita un enfoque integrado del nexo agua-energía en todos los niveles de gobierno. Abordar el nexo agua-energía significa actuar en cuatro frentes: reducir el desperdicio, aumentar la eficiencia, digitalizar y hacer que el agua cuente.




